Dimly
Comenzar
Volver al blog

La puerta que dejamos abierta para la canción

Dimly parte de una convicción sencilla: un videoclip debe darle a la canción un lugar adónde ir, dejando espacio para que el oyente llegue.

Equipo de Dimly2 min de lectura
Humo pálido elevándose alrededor de una mujer en una azotea industrial

La habitación está en silencio. Una mano presiona play. Para el tercer compás, un camino viene a la mente. Las farolas están encendidas. Alguien acaba de salir del cuadro.

Allí comienza Dimly.

Escuchar primero la canción

Empieza el estribillo y un hombro se relaja. Un pie sigue a la batería. Una nota se prolonga y una mano se detiene en el aire. Las imágenes nacen en estos movimientos pequeños.

El creador llega con una canción propia, o con una cuyo uso tiene autorizado, y elige la parte a la que siempre vuelve. Dimly empieza a disponer la escena a su alrededor: por dónde entra una persona, dónde cae la luz, cuánto se queda la cámara después de la última nota. Un Chorus Cut de quince segundos —un corte sobre el estribillo— toma forma, con principio y final propios.

Dejar una puerta abierta

Hay una silla en el marco de una puerta abierta. La luz del pasillo alcanza sus patas. El respaldo permanece en la sombra. Una voz llega desde la habitación de al lado. La cámara espera en la puerta.

Nos gusta dejar esa distancia. Un rostro se vuelve hacia una ventana. La lluvia cubre media calle. Una figura permanece al borde del cuadro. El oyente tiene espacio para recordar una habitación propia, una lluvia concreta, a alguien que solía sentarse allí.

Siguen habiendo decisiones que tomar: hasta dónde se abre la puerta, dónde se coloca la silla, sobre qué nota cae el corte. Esas decisiones dan forma a la imagen y dejan un lugar para quien escucha.

La directora como un segundo par de oídos

El creador dice que el estribillo se siente como una estación antes del amanecer. Dimly lo convierte en un tratamiento: un andén vacío, las luces aún encendidas, el viento levantando el borde de un abrigo. La persona permanece quieta. La cámara se acerca.

El creador lo lee, aleja todavía más la cámara, deja que la persona permanezca de pie un instante más. La conversación continúa. La canción suena de nuevo. Un sentimiento que comenzó como una frase tiene ahora una imagen de la que se puede hablar.

Unir los planos

Cuando la canción llega a una despedida, la cámara puede quedarse en una mesa. Dos tazas. Una ya se ha enfriado. Alguien se ha ido, y los sonidos de la habitación continúan.

Después llega el trabajo de elegir tomas, ordenarlas, restituir el audio original, añadir subtítulos donde hagan falta. Tras las tazas, ¿una ventana o una calle? Las observamos una junto a la otra, con la canción sonando. Ahí es donde ponemos nuestra atención.

En la penumbra

Dimly. La luz va apagándose. El marco de la ventana sigue visible; las formas dentro de la habitación empiezan a fundirse suavemente unas con otras. Con esta luz, solemos escuchar un poco más.

Una canción escuchada de camino a casa trae un recuerdo. La misma canción en una habitación vacía trae otro. Ordenamos la luz, las personas y la cámara. Dejamos la puerta abierta.

La última nota se desvanece. La silla sigue ahí. La luz de la puerta se ha vuelto más tenue.

CompartirX

Seguir leyendo